martes, 11 de junio de 2019

Mapas,Tierra Hueca y el Almte Byrd.

DE PIRIS REIS AL ALMIRANTE BYRD…LOS POLOS DE LA TIERRA HUECA ..

* Mapas prodigiosos en la antigüedad :

El padre Las Casas, que es, din duda, uno de los historiadores más sensato y veraz de cuantos se han ocupado en estudiar la gesta española en América, dejó escrito -y seguramente con cierta ironía- que Cristóbal Colón, en su viaje famoso del Descubrimiento, no fue a la aventura; que todo, absolutamente todo, estaba calculado prácticamente al minuto y al milímetro; que nada había abandonado al azar; que, en fin, el almirante conocía perfectamente adónde iba y cómo debía navegar y cuándo para arribar allí. A simple vista, y por supuesto en su época-recordemos que Fr. Bartolomé de las Casas fue contemporáneo de Colón- la afirmación del misionero resultó un verdadero ataque al prestigio que nadie cuestionaba del navegante.

Negar el mérito y el riesgo que supuso el viaje, con aquellas embarcaciones frágiles y’ no demasiado aptas para la navegación de altura; siguiendo un rumbo des-conocido que nadie se atrevió antes a desafiar; ignorando qué corrientes oceánicas y de qué intensidad podrían encontrar; provistos sólo de unos pocos elemen-tos técnicos (brújula, astrolabio, cuerda de nudos y algún rudimento más) era enturbiar una página gloriosa de la historia de España, y a eso no había derecho. Claro, que lo que no sabían entonces es que la afirmación del P. Las Casas no había sido lanzada sin fundamento: sabía el frailecito lo que se decía y aún resultó prudente.

La verdad es que al Almirante lo cubrieron de honores (de momento, que luego la codicia lo despojó), y al misionero se le hizo poco caso. Pero no le importaban al P. Las Casas los desdenes que le acarrearon sus insinuaciones y sus ironías. Era un hombre preocupado sobre todo por su labor apostólica y lo que le interesaba principalmente era humanizar el proceso de conquista para que los indios no fueran excesivamente maltratados. No lo consiguió, dicho sea entre paréntesis, que eso a nosotros ahora no nos debe ocupar. Lo que sí nos interesa es la referencia a que el Descubridor, en realidad, no descubrió nada: todo estaba ya descubierto. De eso hoy ya no nos debe quedar ni la más mínima duda. De una manera o de otra, el Almirante consiguió unos mapas extraordinariamente minuciosos y, en secreto, los utilizó.

¿Cuáles pudieron ser estos mapas? Vamos a intentar localizarlos y vamos a investigar también su origen. Sepamos, no obstante, previamente, que el planeta Tierra es conocido en su totalidad desde hace milenios y que de ello existen referencias indudables en casi todas las culturas. Por ejemplo -y con el ánimo de citar a un autor muy conocido-, ¿a qué océano y a qué islas y continente pudo referirse Platón en estos términos?: «… el Atlántico es navegable desde una isla situada al oeste de los estrechos que vosotros llamáis las columnas de Hércules; desde ella podían alcanzarse otras islas y desde éstas era factible pasar al continente que había frente a ellas y que circunda al verdadero océano». Es decir, más allá del estrecho de Gibraltar, haciendo es-cala en las Islas Canarias, se llega a las Antillas y desde allí a América, el continente que circunda o limita el océano Atlántico.

En la Vishnu Purana, que es un libro sagrado de la India, milenario, se describe perfectamente un gran continente dividido en dos, con forma de arco, por debajo del «mar de leche». Se trata del continente americano, dividido en dos por el istmo de Panamá y situado bajo los hielos blancos (mar de leche) del Artico. Y en un antiquísimo libro del Tibet se describe un mapa en el que quedan situadas con precisión Jerusalén, Babilonia, el mar Caspio, etc. Herodoto, ya en el siglo V antes de Cristo, escribió que Aristágoras de Mileto poseía una tablilla en la que estaban grabados los mares y las tierras. 

En la Universidad ‘de Yale se guarda un mapa, fechado en 1440, que demuestra sin lugar a duda alguna que los vikingos llegaron a Groenlandia y a Canadá siglos antes de que lo hiciera Cristóbal Colón. Y también se conoce el hecho de que ya en el siglo XIII el sabio Nasireddin Tus¡, gran estudioso de la astronomía y cartógrafo, entre otros saberes, describió bastante acertadamente las costas de América del Sur, doscientos cincuenta años antes de que «oficialmente» fueran descubiertas.

Podrían aducirse más referencias a noticias de la antigüedad acerca de mapas y continentes; pero no es necesario. Bástenos saber que el mundo antiguo no era tan limitado y tan estrecho como nosotros pensamos y admitamos la posibilidad de que, quizá, hace 10.000 o más años existió una civilización, o varias, con grandes conocimientos técnicos, de las que solamente han llegado hasta nosotros leves rumores y algún que otro hallazgo insólito a simple vista, como los mapas que vamos a conocer en este capítulo. 

El milagro consiste únicamente en mirar lo antiguo no con ojos de antiguo, sino con, ojos nuevos; en esa perspectiva caben todas las interpretaciones, se abren todas las puertas, nos rodean todas las posibilidades. Es apasionante, lean.

* El legendario almirante Piri Reis :

En los primeros años del siglo XVIII se encontraron, entre otros valiosos documentos históricos, en el palacio Topkapi de Estambul, unos extraños mapas distorsionados, pero que citaban y a veces describían lugares concretos. No pudieron ser bien interpretados entonces y quedaron más bien como una reliquia del pasado, sin otro valor que ése precisamente: el de ser reliquia. En los documentos figuraba que aquellos mapas habían pertenecido a Piri Reis, un navegante turco del siglo XVI. 

De la colección se conserva casi su totalidad en su país de origen, menos dos mapas que pueden estudiarse en la Biblioteca Nacional de Berlín, y en los que apare-cen la cuenca del Mediterráneo y el mar Muerto. El mismo Piri Reis anotó en los márgenes que para la confección de sus cartas de navegación -que no otra cosa son los mapas- había utilizado una compilación de ellos que ya existía con anterioridad y que se conocía con el nombre de Bahriye, que significa justamente colección. 

El Bahriye estaba compuesto por 210 mapas parciales con el título genérico de Libro de los Mares. Los mapas encontrados en el palacio Topkapi de Estambul llevaban -llevan- como fechas los años 1513 y 1528. El primero de ellos, el de 1513, comprende Bretaña, España, Africa occidental, Atlántico, parte. del norte de América, Suramérica y la costa de Antártida hasta una zona por debajo de Africa. Como está rasgado hay que decir que se sospecha sólo (pero debió contenerlas en realidad) que incluía también Europa, Asia y Australia.

El fechado en 1528 abarca Groenlandia, Labrador, Terranova, parte de Canadá y la costa oriental de Nor-teamérica, hasta Florida. Ambos mapas estaban confeccionados en cuero de gacela de 85 por 60 cm. Y en algún lugar Piri Reis había añadido a su afirmación de haber utilizado el Bahriye, que ya hemos mencionado, que preparó sus mapas utilizando también 20 viejos planos y 8 mapamundis confeccionados en la época de Alejandro y que en ellos aparecía la totalidad del mundo habitado. Esta anotación elevó la sorpresa de los investigadores a grados mucho más altos: ¿de modo que unos mapas fechados en el siglo XVI nos trasladaban de golpe a muchos siglos atrás?

Pues, sí. No se comprende qué interés pudo sentir Piri Reis en hacer a los estudiosos posteriores de sus cartas de navegación víctimas de un engaño que a él no iba a reportarle beneficio alguno. Hay que desechar esa hipótesis y pensar que así debió ser y que ya en los tiempos de Alejandro Magno (siglo IV antes de Cristo) eran conocidos los mares y los continentes que aparecerían después en el Behriye y en los propios mapas de Reis.

Muchos han sido los estudiosos de estos mapas y numerosos son todavía los que pretenden desentrañar toda la sabiduría que encierran; pero puestos a citar los más significativos, los que más lejos han llegado en sus investigaciones, no debemos olvidar a Arlington H. Ma-llery, Walters, Lineham, Charles H. Hapgood y Richard W. Stracham. Entre todos, y abarcando todos los aspectos posibles, dieron luz sobre estos misteriosos planos para que todos los humanos podamos maravillarnos con ellos de uno de los enigmas más desconcertantes de los muchos que tenemos sin resolver. 

Porque la conclusión razonada de la totalidad de sus estudios, para los que se han servido de todos los medios de la técnica actual, es ni más ni menos que los mapas de Piri Reis han sido trazados ¡basándose en fotografías aéreas! tomadas a una extraordinaria altura desde una especie de satélite de esos que cruzan ahora el cielo, pero en los que era incluso imposible pensar en los primeros años de nuestro siglo. ¿Fotografía aérea hace más de 400 años, si los mapas son del siglo XVI? ¿Hace 23 siglos, si estaban ya confeccionados en la época de Alejandro Magno? ¿Anteriores quizá?

Las distorsiones que aparecen en los planos lo son sólo en una interpretación lineal, sobre una mesa, sobre una superficie plana; pero ajustando los mapas al globo terrestre desaparecen las incorrecciones, y todo, mares, tierras, islas, queda en su lugar. Como si el mapamundi hubiera sido realizado en nuestros días basándose en una sola fotografía a gran altura. Y, según las noticias que nos da la Historia, en el siglo XVI, y antes mucho menos, no existió la aerofotografía ni se conocían todavía las tierras que los españoles estaban descubriendo y, por lo tanto, no podían figurar lógicamente en los mapas.

Los descubrimientos realizados por Colón, Vespucio y Magallanes hasta 1513 (fecha del mapa en que figura el continente americano) fueron sólo parciales y podrían haber reflejado exclusivamente algunos puntos dispersos de la costa. En los mapas de Reis está inscrita la totalidad de la costa y los deltas de los grandes ríos, en los que tampoco entraron los descubridores. Cortés llegó a la costa de Méjico en 1520 y Pizarro al Perú en 1531, y después de la fecha que ostentan los mapas.

No pudo, pues, basarse Piri Reis en sus viajes ni en sus referencias para confeccionar sus mapas. Hemos de creer en las afirmaciones del navegante turco de que sus conocimientos geográficos y cartográficos eran una recopilación de mapas anteriores, muy anteriores, en el tiempo. Suposición que se ve reforzada por las numerosas citas de autores antiguos, algunas de ellas ya mencionadas aquí, que insisten en que toda la Tierra era conocida hace miles de años.

Pero, ¿quién fue este Piri Reis y de dónde extrajo directamente la información que se recoge en sus por-tentosas cartas de navegación? Es el personaje mismo quien responde en parte a estas cuestiones, anotando en los márgenes que obtuvo los mapas en el año 1507, tras una refriega frente a las costas de Valencia, en la que él, con la colaboración de su tío Kemal, capturó siete buques españoles. Uno de los marineros apresado llevaba en su poder los mapas que había utilizado Colón y de los que se sirvió para sus viajes y descubrimientos. El marinero afirmó haber acompañado al Almirante Colón en tres de sus cuatro viajes y que los mapas eran de la época de Alejandro Magno. Estos mapas serían sumados a las otras colecciones cuando el sultán Selim I encargó a Piri Reis la confección del mapamundi que estamos estudiando.

De Piri Muhyi I Din Re'is se conocen datos suficientes para,poder hacernos una idea de su vida y de su personalidad. Fue sobrino de un famoso pirata, Kemal; y, si no tan famoso como él, sí fue por lo menos tan pirata. Ambos heredaron las técnicas de asalto marítimo tradicionales en el Mediterráneo desde que se inventó la navegación. Es éste un mar que se presta a la actividad de la piratería, al ataque por sorpresa y al escondite rápido, hasta el extremo de que en varias épocas de la historia el expolio de barcos y mercancías, y hombres, fue prácticamente un asunto de política comercial en cierto modo aceptado y no en extremo censurable. Incluso reyes pactaron a veces con los piratas en sus guerras contra otros países (Mitrídates, rey del Ponto, por ejemplo, en su lucha contra Roma). 

A principios del siglo XVI, cuando nuestro personaje capturó al mari-nero que había viajado con Colón a América, se habían sumado a los piratas turcos y berberiscos muchos de los árabes andaluces expulsados en 1492 por los Reyes Católicos. Reis ejerció su audaz profesión, llevando una vida repleta de aventuras fantásticas, y murió dignamente, como corresponde a un corsario-de su estirpe, decapitado por la orden de un sultán al que había servido en muchas ocasiones, en El Cairo, en 1544. Con él desapareció un personaje de leyenda y la clave verda-dera del origen de sus famosos mapas.

Pero admitiendo su antigüedad indiscutible y el hecho asombroso de que están realizados a base de aero-fotografías, vamos a profundizar un poco en ellos; no dejaremos de sorprendernos.

Ya ninguno de sus estudiosos duda de que están confeccionados uniendo más o menos burdamente distintos pedazos de diferentes mapas parciales. Falta algún trozo; y algún otro, como la costa americana cercana al Amazonas, aparece repetido. La mayoría de las secciones concuerdan con la realidad exactamente; pero hay algunas que no encajan ni por aproximación. Lo cual nos indica que Reis no consiguió toda la información necesaria y que la que reunió no fue bien manipulada. Sin embargo, no resta este hecho valor alguno a los planos: las partes que concuerdan lo hacen de tal ma-nera, tan perfectamente, que cada una de ellas por sí sola es una joya cartográfica. Y son muchas, muchísimas.

El profesor Sarton, de Harvard, realizó un estudio de las escalas y extrajo las siguientes conclusiones: las distancias entre los diferentes puntos eran exactas, to-mando como baremo la medida griega estadio; la escala utilizada por Piri Reis fue derivada de la medición de la cincunferencia de la Tierra que llevó a cabo Eratóstenes (siglo III-II a. C.) y que fue calculada precisamente en estadios (1 estadio = 559 pies = 186 metros). 

Tanto Reis como Eratóstenes sobrestimaron el perímetro del globo en un 4,5 %. Restando esa diferencia a las escalas de los mapas de Reis, la exactitud con la realidad es asombrosa. Basándose en esto, Hapgood ha llegado a afirmar que los mapas de Reis son incluso anteriores a Eratóstenes, esto es, anteriores al siglo III antes de Cristo. Posiblemente de la época de Alejandro Magno. Y entonces tendríamos que volver a plantearnos la pregunta de cómo fue posible -y con qué información se contó en el siglo IV a. C. para ello- que fueran confeccionados unos mapas tan perfectos sin una tecnología cercana a la nuestra.

Son muchos y grandes los misterios que plantean estos mapas, además de la tecnología empleada para realizarlos: si fueron confeccionados en la época de Alejandro Magno, ¿hay que entender que los griegos habían explorado ya los lugares geográficos que aparecen reflejados en ellos? ¿Cómo aparece la Antártida sin hielos, incluso reflejando las altitudes y otros accidentes que hoy se están apenas descubriendo? 

Este detalle extraordinario de que la Antártida no esté cubierta con hielos y que se ajuste tanto a su contorno y relieve reales nos lleva a pensar que los mapas debieron ser confeccionados en una época remotísima, antes de la última glaciación, muchos miles de años. Se observan ríos también, lo cual indica que el clima antes era mucho más cálido. Recordemos que la Antártida fue descubierta en el siglo XIX y que todavía no está total-mente explorada ni ha sido posible trazar un mapa completo de ella.

Y para colmo de sorpresas, si observamos detenidamente los mapas de Piri Reis, veremos entre América del Sur y Africa una isla de gran tamaño denominada Antilia, que no existe, o, al menos, no existe ya. Otras islas más pequeñas la rodean. ¿Se trata del mítico continente Atlántida?

* La Tierra como es :

Otros mapas completan los misterios y las sabidurías de los de Piri Reis, mapas también muy antiguos y realizados con una tecnología «inexistente». Todos. ellos están repletos de sorpresas y de incógnitas. Y, aunque no es posible mencionarlos en su totalidad ni profundizar mucho en ellos, debemos hacer alguna referencia, para que el panorama de los conocimientos cartográficos de la antigüedad quede completo y también nuestro asombro.

Por ejemplo, el mapa Zeno, fechado en 1380, en que puede observarse Groenlandia sin la capa de hielo, surcada por ríos y motejada de montañas, accidentes geográficos que fueron localizados en 1947 mediante los sondeos que llevó a cabo una expedición francesa al polo Norte capitaneada por Paul-Emile Víctor. Las montañas y los ríos, y el contorno, están sumergidos bajo una espesísima capa de hielos milenarios y no son visibles, sólo detectables por sondeos. ¿Cómo pudo ser trazado el mapa?

En el mapa de Caneiro, del siglo XV, queda descrita la costa oriental de Africa, trozo que falta a los del pirata Reis. ¿Ambos cartógrafos se inspiraron en una misma fuente anterior? Y en el mapa de Yehudi lbn Ben Zara (1487) también está trazada Groenlandia sin hielos y todas sus islas, así como Suecia según debió ser -es opinión de los geógrafos- hace 8 ó 10.000 años. Un aspecto muy inquietante del trabajo de Ben Zara es el mayor tamaño de todas las islas del Mediterráneo, circunstancia que nos induce a pensar que el nivel de las aguas de ese mar ha ascendido considerablemente. 

Así parece que ha sido. Igualmente, en un mapa de 1508 firmado por Andreu Benincasa, puede observarse perfectamente toda la costa norte de Europa; y en otro, de Jorge Reinel (1510) se describen el océano Indico y parte de Australia. En el Oronteus Finaeus (1531) quedan trazados todos los ríos y montañas de la Antártida, lo cual hace pensar en que se trata de una copia realizada sobre mapas originales exactos. Hadji Ahmed (1559) nos legó los planos cartográficos de América entera, con dos siglos de anticipación a la posibilidad de ellos. En el mapa de Ahmed aparece el estrecho de Bering cerrado, como lo estuvo en épocas muy remotas.

Es decir, la Tierra era conocida geográficamente hace cientos y seguramente miles de años con mayor exactitud de lo que lo es hoy y este hecho es producto de unos conocimientos y de una tecnología que han desaparecido. Descartemos, por lo menos de momento, la hipótesis extraterrestre que nos pondría los mapas en las manos como un regalo de nuestros hermanos del Cosmos, si los hay. Resulta demasiado fantástica. Pensemos mejor que hubo una civilización -o varias-hace milenios, no sabemos cuántos, que llegó en su ciencia yen su técnica tal vez más lejos de lo que nosotros, esta humanidad, ha alcanzado hasta ahora. Los mapas que hemos analizado serían sólo un sencillo re-cuerdo de otros hombres sabios que fueron y que, no se sabe por qué, desaparecieron por completo.

* ¿Es hueca la tierra…? :  El vergel de la Antártida y otras curiosidades

En el mapa de Piri Reis que ya hemos considerado aparece la Antártida sin hielos, surcada por numerosos cauces de agua, jalonada de montañas y abierta en valles umbrosos y acogedores. En realidad son varias y grandes islas que -según el mapa- se extendían hacia el sur de Africa, las que han debido quedar después desplazadas más hacia el sur de América por un corrimiento de las plataformas continentales, ocupando la extensión que tienen en la actualidad. Dando un poco de rienda suelta a la imaginación podríamos suponer o recrear de una manera ideal lo que sería -lo que tal vez fue- aquel continente hoy inhóspito y antaño paradisíaco. ¿Por qué no?

Existe en muchas culturas y muy arraigado un mito que cuenta y no termina las excelencias de aquellas islas que hoy están recubiertas con una coraza de hielos de cientos y en ocasiones miles de metros de espesor. La Antártida pudo ser -y siguiendo el mito deberemos decir que lo fue- un conjunto de islas de clima templado, de exhuberante vegetación, donde la vida animal, y la humana también, por supuesto, fue un regalo. Hubo una civilización basada en la agricultura, pero con una avanzada técnica. 

Seguramente, bajo los hielos im-penetrables se esconden los campos de cultivo, los templos y las ciudades, sorprendidos en la fantasmagórica instantánea de un cataclismo total, un cambio del eje de la Tierra, por ejemplo, que hizo desplazarse los polos y situó la Antártida en otro lugar del globo, obviamente menos privilegiado: donde ahora se encuentra. El relato parece extraído de una novela de Lovecraft; pero, quizá no sea tan fantástico como aparenta a simple vista.

Los sondeos realizados en los últimos años por geógrafos y geólogos han puestos de manifiesto que el con-torno de las tierras antárticas es distinto al contorno de la masa de hielos que lo, cubre; que el hielo ha ocupado mucha más extensión, y en la actualidad podríamos considerarla como un sombrero desmesuradamente grande sobre la verdadera tierra firme. También, como ya hemos dicho en otro lugar, los ríos, montañas y demás accidentes geográficos representados en los misteriosos mapas primitivos están siendo confirmados en su existencia por las técnicas modernas de exploración. 

De estas realidades comprobadas hemos de deducir que, en efecto, el clima antártico no fue como es; ni su situación geográfica la que hoy guarda con respecto a los polos magnéticos de la Tierra. Luego debió, o por lo menos pudo ser, un continente habitado hace miles de años. Es una lástima que los estudios realizados allí no supongan todavía un bagaje suficiente para permitirnos una visión de conjunto completa. Por ahora sólo contamos con informaciones parciales, muy parciales, que aunque concuerdan de una manera asombrosa con los mapas y relatos antiguos, nos remiten a ellos inexorablemente, sin la posibilidad de un refrendo de la tecnología actual.

Esto hace que parezca atrevido -y lo sería, claro-basarse exclusivamente en los datos que una historia de aspecto enigmático nos ha proporcionado. No poseemos otros, o solamente poseemos unos pocos más. Pero, eso sí, suficientes para que lo que va usted a leer a continuación sea verosímil y mucho más que proba-ble. Dejando aparte la imaginación.

La primera expedición científica perfectamente pertrechada de medios y de hombres que estableció sus observatorios en los suelos helados de la Antártida, muchos cientos de kilómetros en el interior, fue la dirigida por el capitán Ritscher y que exploró el continente durante los años 1938-39. Era una expedición alemana por sus componentes y por su financiación y fue conocida por el nombre de «Schwahenland». Penetraron en línea recta en dirección al mismo polo Sur partiendo del «gran muro helado» que supone la enorme barrera de hielos de un iceberg de kilómetros, desde la longitud 0 hacia el Este y hacia el Oeste a lo largo del paralelo 70. Los pilotos sobrevolaron en varios de sus diversos viajes de exploración una región cercana al polo, en pleno corazón antártico, que fue descrita como llena de ondulaciones, sin rastro siquiera de hielos y poblada de lagos.

Los informes de la expedición «Schwahenland» fueron acogidos con cierto estupor: ¿Una zona sin hielos y con lagos dentro de .la inmensidad helada, casi en el mismo polo? No resultaba lógico que el proceso normal de endurecimiento del clima, conforme se avanza desde los márgenes antárticos hacia el centro, se viera interrumpido y sufriera una regresión hasta convertirse en un clima lo suficientemente templado para permitir la existencia de lagos líquidos y colinas erosionadas cubiertas de verdor. Por fuerza -o el caso iba en contra de lo que se conocía de la Naturaleza- allí debía hacer toda-vía más frío que en las regiones marginales. Pero la seriedad de un equipo de científicos tan prestigioso prevaleció sobre toda duda. Había que admitir aquella «absurda» realidad. Y, no obstante, desde luego, esperar una confirmación.

Confirmación que tardó ocho años en llegar, pero que llegó, avalada de suficiente documentación y testimonios como para que no se discutiera. La expedición mandada por el norteamericano almirante Byrd, en 1947 y 48, bautizó el lugar con el nombre tan sugestivo de «Jardín de la tierra de la Reina María». Los aviadores de Byrd, pilotando aviones adecuados a la misión que tenían encomendada, sobrevolaron sistemáticamente el misterioso rincón y observaron con detenimiento las colinas cubiertas de coníferas, las manchas de musgo,anchas, diseminadas por doquier, y nada menos que 23 lagos de diferentes tamaños.

Los hidroaviones se posaron sobre las aguas de los tres lagos mayores, los cuales, desde las alturas aparecían coloreados de verde, rojo o azul. No hacía frío,sino más bien lo contrario. Los exploradores introdujeron sus manos en las aguas tranquilas y las removieron. 

Ofrecían una temperatura agradabilísima, templada. El fondo estaba cubierto por espesas alfombras de algas microscópicas, que eran las que proporcionaban los be-llos reflejos coloreados. Aguas tibias en pleno polo sur, ¡entre miles de kilómetros de hielos espesísimos!

Cuando la expedición de Byrd hizo públicas sus investigaciones, se planteó el estudio de las causas de aquel microclima tan peculiar. Y hubo hipótesis para conformar a todos: unos achacaron el fenómeno a restos de vulcanismo; otros dijeron que las temperaturas cáli-das eran producto de la radiactividad; y hubo incluso -la nota epatante- quienes propusieron como solución una intervención intencionada de los extraterres-tres, entre otras lucubraciones menos dignas de mencionar.

La hipótesis vulcanista fue desechada de inmediato, pues los estudios de las expediciones que ya se habían llevado a cabo coincidieron en que no, que no existían en la Antártida restos de vulcanismo; a los partidarios de un complejo turístico de nuestros hermanos del Cosmos no se les hizo mucho caso; pero cobró valor la explicación de la templanza por causas de la radiactividad, pues los detectores de uranio se habían conmovido durante las exploraciones en muchas ocasiones. 

La radiactividad podía ser admitida como causa; sin embargo, había que demostrarlo. De todas formas, el almirante Richard Evelyn Byrd, nacido en Winchester (Virginia) en 1888, fue, con su expedición, quien más datos aportó y quien abrió las puertas atractivas del enigma antártico a los futuros estudiosos. Muerto en Boston (1957) es una figura casi mítica en el fantástico libro de los navegantes y descubridores.

Unos años más tarde, en 1958, Año Geofísico Internacional, científicos de 11 países montaron en el interior de la Antártida 33 campamentos e instalaron 60 estaciones de investigación repartidas por todo el continente siguiendo las indicaciones y sugestiones de las expediciones de Ritscher y Byrd. La participación de los Estados Unidos y Rusia debe contarse entre las más notables por número de miembros y calidad.

Se confirmaron los descubrimientos de las expediciones anteriores y se encontraron «áreas oscuras» en la superficie de los hielos, como si la gran masa helada ocultara en su interior muros ciclópeos, relieves regulares que recordaban edificios. Eran, a juicio de los expertos, figuras geométricas demasiado regulares para que fueran obra de la Naturaleza. ¿Qué había allí bajo cientos y miles de metros de hielo? «Las construcciones eran de dimensiones muy diversas. Había complejos de extensión enorme, al estilo de una colmena, y estructuras menos separadas. 

Por lo general, la forma de estas construcciones tendía al cono, a la pirámide o a la superposición de terrazas. Pero también había perfectos cilindros, cubos también perfectos, grupos de cubos y otras formas rectangulares, y características dispersiones de edificios poligonales, cuya planta, de cinco lados, recordaba vagamente las fortificaciones modernas. Todo el enmarañado conjunto estaba monstruosamente gastado por el tiempo, y la superficie de hielo de la que despuntaban las torres estaba sembrada de bloques y detritos caídos en época inmemorial. En los puntos en que el hielo era transparente podíamos ver las partes inferiores de los gigantescos edificios. También eran visibles los puentes de piedra que unían las distintas torres entre sí a alturas variables por encima del suelo…»

Es un fragmento de la novela titulada «En las montañas de la locura», de H. P. Lovecraft, que nos relata el descubrimiento de una metrópoli bajo los hielos de la Antártida. Pero muy bien pudo ser la descripción de uno de los pilotos que sobrevolaron las «áreas oscuras» durante las exploraciones antárticas del Año Geofísico Internacional. Hay ocasiones en que la fantasía realista de los noveladores y poetas completa y perfecciona las percepciones de los científicos. Y bástenos recordar a julio Verne.

Las conclusiones más significativas que pueden extraerse de los datos suministrados por las expediciones que exploraron la Antártida se resumen en un pequeño grupo de consideraciones, espectaculares casi todas: El espesor de la capa de hielos que cubre el continente oscila entre unos pocos cientos de metros y los 3.000, llegándose en determinados lugares a los 4.000 metros. 

Las masas heladas no permanecen estáticas, se desplazan de forma regular y continúa hacia las aguas de los océanos circundantes; esta circunstancia dificulta extraordinariamente el estudio del verdadero relieve te-rrestre y lo que en él se halle natural o fabricado. Se han encontrado fósiles de helechos gigantes que nos inducen a pensar en un clima al menos subtropical hace miles de años, y extensos yacimientos carboníferos, alguno de ellos -así opinaba Byrd- suficiente para abastecer al planeta entero de carbón durante mucho tiempo. 

El subsuelo contiene una riqueza considerable en oro, grafito, molibdeno, cromo, petróleo y uranio. La atmósfera es más cálida cuanto más cerca del polo y presenta una densidad un 50 % inferior a las demás zonas del globo terrestre. La fauna es inmune a las bac-terias y el aire es absolutamente aséptico a causa de unos microorganismos genuinos y exclusivos de allí.

Los cultivadores de la fantasía desbordada, entre ellos William Bennet, explican la extraña asepsia y la existencia de los peculiares microorganismos que la consiguen, exponiendo alegremente -¿y si fuera cierto?- que son el producto de un microclima artificial creado por los extraterrestres, a base de bacterias galácticas, para proteger una colonia subterránea que instalaron sabe Dios cuándo y de la que los lagos y demás sorpresas paísajísticas son sólo la apariencia externa, los jardines. En el terreno de lo serio, de lo ortodoxo, que permanece siendo válido mientras no se demuestre lo contrario, los contrastes de la Antártida, su desplazamiento en el espacio, su misión como parte habitada del planeta en otras épocas de la historia, sigue siendo un misterio. apasionante.

* El increíble viaje del almirante Byrd al interior de la Tierra :

El inquieto almirante Richard Evelyn Byrd no se conformó con explorar los hielos del polo Sur en 1947. Atraído por los polos -y no se trata de un chiste magnético- visitó en varias ocasiones el Norte y el Sur, antes y después de esa fecha, hasta el año 1956, uno antes de que ocurriera su fallecimiento. 

Fruto de su extraordinario desasosiego y de su incesante movilidad es una de las teorías más asombrosa, increíble y desca-bellada para unos -para otros, sensata- de cuantas puedan exponerse acerca de la configuración de nuestro planeta: la Tierra es hueca. El responsable de la teoría no es Byrd, sino algunos investigadores de lo extraño qué han extraído últimas consecuencias de los viajes y las experiencias del almirante norteamericano y de algunos estudios anteriores. Pero conviene que procedamos en la exposición de una manera ordenada. Comencemos por el principio, y el principio es el recuerdo de las culturas primitivas, sus creencias, su mitología y sus descubrimientos; los restos de estas conquistas del espíritu colectivo que han sobrevivido hasta nosotros, se entiende.

Que la Tierra es hueca se viene diciendo desde que el hombre existe sobre el planeta, no es nada nuevo. Antiquísimas referencias mitológicas, algunas de ellas trasplantadas a la Biblia, nos hablan de un reino o de un país oculto en el que o bien existen continentes y mares y un sol central o bien es el dominio de las tinieblas, pero lugar al fin y al cabo subterráneo. Algunas concepciones geográficas antiguas, y no tan antiguas, representaron la Tierra cóncava con un astro central; es decir, estaríamos habitando el interior de un inmenso globo, los continentes y los océanos adheridos a las paredes y el denominado por poetas y astrónomos astro rey en el centro geométrico presidiendo y alumbrándolo todo.

Seguramente que no pensaba en nada de esto Byrd cuando en 1947, navegando en línea recta hacia él polo Norte, en donde justamente deseaba poner sus pies, se extravió de su ruta sin perder la línea recta; no llegó al polo Norte y navegó 2.730 km. mar adelanté, penetrando en unas aguas cálidas bordeadas de costas templadas y tupidas de vegetación que iluminaba un sol menos intenso que el habitual. Había islas diseminadas por el mar y las tierras elevaban su relieve en montañas de distinta altitud, no se veía hielo por parte alguna y el continente y las islas que iba bordeando estaban surcados por ríos y moteados por lagos relucientes como espejos. La vegetación y la fauna eran abundantes; 

Byrd llegó a observar a un animal para él desconocido y parecido a un mamut. Cuando el almirante tuvo la certeza de que había perdido el rumbo que llevaba clavado en el Norte y que navegaba perdido no sabía por dónde, después de recorrer casi 3.000 km., decidió dar la vuelta y regresar por donde había llegado. El trayecto de vuelta transcurrió sin nivedad ninguna: desde aquellas costas cálidas y tranquilas pasó a una zona más alborotada, tropezó con los hielos de nuevo y regresó a los Estados Unidos. Durante los más de 5.000 km. que navegó perdido, la brújula no respondió al magnetismo normal del polo. Byrd, no obstante, no extrajo de aquel viaje ninguna conclusión extraordinaria, simplemente se había perdido.

Nueve años más tarde, en 1956, nuestro aventurero almirante, al mando de una nueva expedición patrocinada por los Estados Unidos al polo Sur, realizó un extraño vuelo, en el transcurso del cual se perdió también y llegó a una región similar a aquella en que se encontró por azar cuando navegaba años atrás por los hielos del Norte. Partió en un avión desde la base Murdo Sound, que dista del lugar exacto del polo, del mismo centro de él, sólo 640 km. Pues bien, Byrd voló un trayecto de 4.330 km., volvió a encontrar mares y tierra sin hielos, con vegetación, animales, ríos y lagos. Pero tampoco llegó al polo, ni pasó por encima de él.

De los 4.330 km. que sobrevoló, restando la distancia que media entre la base de salida y el polo (640), había recorrido 3.690 km. fantasmas, y otros tantos de vuelta, e ignoraba adónde había arribado. Claro, cuando se percató que volaba perdido, dio la vuelta y puso rumbo a la base de Murdo Sound. En este segundo caso, Byrd debió pensar que los polos eran como fantasmas que no existen materialmente. ¿Eran una invención humana? Si el almirante hubiera disfrutado de una vida más larga, seguramente hubiera insistido en sus intentos de encontrar de una vez aquellos polos esquivos; pero falleció, llevándose con él su inquietud, a navegar o volar ahora quién sabe por qué cielos o qué mares del espíritu o del sueño. Le deseamos que encuentre algún polo por ahí.

Si Richard Evelyn Byrd hubiera leído el libro que apareció en 1906 bajo el título « Phantom of the poles» ; o si, en el caso de que lo leyera, lo hubiera tomado en consideración, no se hubiera sentido tan decepcionado por su búsqueda infructuosa. Su autor, William Reed, afirmaba, basándose en originales argumentaciones y en citas de documentos y mitologías antiguas, que efectivamente la Tierra es hueca, con una abertura en cada polo; y que en el interior existen grandes continentes y océanos, razas humanas en algo diferente a los que poblamos la parte de fuera y animales similares o iguales, algunos de ellos ya extinguidos en nuestro mundo exterior, como los mamuts. 

(Hagamos constar que en el año 1799, dentro de un bloque de hielo en la región polar del Norte, se halló un mamut cuya antigüedad se cifró en 20.000 años. En el estómago del mamut se encontraron ramas jóvenes de pinos y abetos, recién ingeridas. Ray Palmer dedujo de esto que el animal provino del interior de la Tierra, a través del gran boquete polar y no llegó a aclimatarse en temperaturas tan extremada-mente frías. Murió congelado.) También se atrevió Reed a decir que, puesto que el lugar de los polos estaba ocupado por dos grandes boquetes, los polos no existían en realidad, eran sólo algo hipotético; que, como las brújulas se comportan en aquellas latitudes extrañamente, nadie puede asegurar que haya estado allí.

William Reed tuvo seguidores. En 1920 Marshall B. Gardner dio a conocer unos trabajos abundando en las teorías de su antecesor: cada una de las dos entradas al interior de la Tierra miden 2.250 km. de diámetro. Dentro existe un sol central, quieto por el efecto de la atracción constante y uniforme de cada uno de los puntos del globo de tierras y mares que lo envuelve (como los radios de una rueda de bicicleta, más o menos), y precisamente ese astro es la causa de las auroras boreales, más visibles cuanto más al polo nos hallemos. Hay diversos centros de gravedad repartidos por la enorme cubierta del gran hueco, que semejan dos valvas o conchas de almeja. Gardner dedujo esta curiosa formación del planeta basándose en la configuración de algunas nebulosas que poseen un sol central y que para los observadores de la Tierra son puntos negros en el espacio.

Las teorías de Reed y B. Gardner, tan disparatadas en apariencia, tuvieron, como ya indicamos, unos antecedentes remotos de tradiciones, creencias y mitologías. En China, por ejemplo, al igual que en Asía Menor y en Egipto, perviven tradiciones que se refieren a la creencia primitiva en un paraíso que estaba ubicado en algún lugar subterráneo. El Ramayana, poema épico hindú, en uno de sus pasajes, relata la llegada de Rama y lo hace provenir en una especie de nave voladora de Agharta, su reino en el interior de la Tierra. 

Según la religión budista -y así lo afirma Iliana Marina Pistone, sagaz investigadora brasileña- los habitantes de Agharta son los descendientes de una raza antidiluviana, restos de los antiguos pobladores de las míticas Lemuria y Atlántida,hombres de grandes conocimientos científicos, con una poderosa tecnología y que viajan por el exterior de la Tierra en unas naves velocísimas que llaman (los budistas) «vimanas». Agharta, según esta creencia, está poblada por muchos millones de seres humanos y su capital es Shamballah, donde reside y gobierna con po-deres plenos el verdadero rey del planeta, del que el Dala¡ Lama del Tibet es un mero representante o emba-jador fuera. Ambos reinos, el externo y el subterráneo, están comunicados por medio de numerosos túneles (de Gigantescas estatuas de piedra pueblan la isla de Pascua en el interior del Pacífico. ¿Quiénes labraron esas piedras y de qué medios se valieron? 

Ya en nuestros días Raymond Bernard, estudioso de los temas de antropología cultural, ha escrito que los esquimales sobre todos, pero también otros pueblos habitantes de las regiones polares, poseen leyendas que relatan que sus ascendientes de tiempos ancestrales lle-garon de un paraíso que se encontraba «más al Norte», en el que no existía diferencia entre el día y la noche, porque el sol brillaba siempre tenuemente, que el clima era suave, que abundaban los lagos que nunca se congelaban, y donde vivían animales propios de los países tropicales. Sin embargo -afirma Bernard-, los esquimales no han guardado la creencia de que la Tierra sea hueca, no hablan de ello.

Aunque admitamos que es muy remota la posibilidad de que Byrd se introdujera en sus viajes por los dos grandes boquetes polares y navegara y volara miles de kilómetros por el interior de la Tierra; aunque desechemos por muy atrevidas las teorías que nos presentan como realidad la existencia subterránea de otro mundo como el nuestro y con las características que ya han quedado descritas, todo lo expuesto deja sin solución una serie de preguntas que, hasta ahora, no han tenido respuesta:

¿Cuál es el motivo de que la Tierra sea achatada por los polos? ¿Cómo pueden formarse en superficies de agua salada (las oceánicas) los icebergs de agua dulce, que en la hipótesis de la Tierra hueca estarían explicados como salidas al exterior de las corrientes fluviales? ¿Por qué los icebergs llevan en su interior con frecuen-cia plantas, árboles y rocas? ¿Cuál es la verdadera causa de las auroras boreales? ¿Adónde se dirigen muchos animales que emigran en determinadas épocas hacia los polos (liebres, aves, mariposas)„ si su instinto no puede llevarnos a la muerte por congelación? Y una conside-ración final, que habrá que tener en cuenta: siendo la superficie de la Tierra de 508 millones de kilómetros cuadrados, su peso es sólo de seis sextillones de toneladas. Insinúan los que gustan de plantear cuestiones enigmáticas que, si la Tierra fuera maciza como se dice, debería pesar muchísimo más.

Un ingenio espacial norteamericano captó esta instantánea del polo norte, en la que se observa con toda claridad un enorme boquete de 2.500 kilómetros de diámetro. La fotografía es extraordinariamente discutida.

NUESTRAS CONCLUSIONES :

COLON VINO A AMERICA CON UN MAPA.POR ESO SABIA LA RUTA Y LOS CALCULOS ERAN ACERTADOS,ESE MAPA MOSTRABA LAS RUTAS QUE LOS TEMPLARIOS SEGUIAN EN SUS VIAJES SECRETOS A AMERICA DE DONDE PROCEDIA SU FORTUNA Y RIQUEZAS Y TAL SECRETO ERA ADMINISTRADO POR JESUITAS Y DOMINICOS,RECORDEMOS QUE LOS GOBERNANTES DE PORTUGAL Y ESPAÑA RECHAZARON A COLON,HASTA QUE ESTE SE REUNIO CON UN SACERDOTE QUE CONVERSO CON EL Y LE ENTREGO DOCUMENTACION CON LA QUE CONVENCIO A LOS REYES ESPAÑOLES,YA HEMOS TRATADO ESTO EN UNA NOTA SOBRE EL TESTAMENTO DE LOS TEMPLARIOS…

LO INTERESANTE DEL MAPA DE PIRI REIS ES QUE ES COPIA DE MAPAS ANTERIORES Y PRECISOS QUE MUESTRAN LA SUPERFICIE DEL MAR Y LA TIERRA ANTES DE LA ULTIMA GLACIACION INCLUYENDO TIERRAS MITICAS COMO HIPERBOREA Y ATLANTIDA Y LA ANTARTIDA Y POLOS SIN HIELOS Y CON ENTRADAS O CAVERNAS,HOY SABEMOS QUE LA INVESTIGACION DE LA TIERRA HUECA FUE TEMA CLAVE PARA HITLER QUE RECIBIO LA CONFIRMACION DURANTE A EXPEDICION QUE EL INSTITUTO ANHERBE DE CULTURA RACIAL HIZO AL TIBET Y DESPUES SE HIZO LA EXPEDICION A NUEVA SUAVIA O EL TRASLADO DEL NAZISMO A LA ANTARTIDA PARA ESTUDIAR LAS ENTRADAS DE LOS POLOS AL MUNDO SUBTERRANEO,LO QUE FUE COMPROBADO POR AL ALMIRANTE BYRD,FINANCIADO POR ROCKEFELLER,QUE SIN EMBARGO NO TUVO REPARS EN HACERLO INTERNAR EN UN MANICOMIO CUANDO QUISO HACER PUBLICO LO QUE HABIA VISTO EN LOS POLOS…LO MISMO QUE CAUSO LA INTERNACION E UN MANICOMIO AL SECRETARIO DE ESTADO FORRESTAL Y QUE DESPUES COMO INSISTIA EN ADVERTIR AL MUNDO,LOS HOMBRES DE NEGRO LO SUICIDARON…LA MISMA CAUSA POR LA QUE MORRIS JESSUP QUE INVESTIGABA LA RELACION ENTRE CONSTRUCCIONES ANTIGUAS Y ENERGIA QUE SE CONECTABA A LO SUBTERRANEO…SUICIDADO POR LOS HOMBRES DE NEGRO…

LUEGO ALBERT BENDER QUE DIJO DESCUBRIR DE DONDE PROVENIAN LOS OVNIS,FUE AMENAZADO Y ATERRADO SE RETIRO DEL TEMA OVNIS,ERA AMIGO DE RICHARD SHAVERS UN ESCRITOR QUE EN SUS NOVELAS DECIA QUE DOS RAZAS BATALLAN BAJO LA TIERRA Y QUE EL GOBIERNO TENIA CIERTA ALIANZA OSCURA CON ELLOS PARA HACERSE DEL PODER MUNDIAL,RESULTADO : ESTE SHAVERS,AMIGO DE BENDER ES INTERNADO EN EL MISMO MANICOMIO QUE ESTYVO FORRESTAL Y EL ALMIRANTE BIRD…

POSTERIORMENTE NOS ENTERAMOS INDIRECTAMENTE QUE LO QUE BENDER DESCUBRIO APUNTABA A LA MISMA DIRECCION Y RELATO, QUE LO QUE BIRD Y SU AMIGO SHAVERS DECIAN,TODOS TERMINAN MAL PORQUE LA DINASTIA ROCKEFELLER,IMPLICADA EN LA INVESTIGACION DE LOS OVNIS, INCLINO AL GOBIERNO SECRETO DE USA A TRAMAR UNA ALIANZA O MEJOR DICHO PACTO CON VISITANTES NO TERRESTRES,AL MENOS NO DE LA SUPERFICIE, Y CONSEGUIR ASI TECNOLOGIA  Y VENTAJA A CAMBIO DE ENTREGAR LA RAZA HUMANA…

LO DE LOS POLOS ES INOCULTABLE,ASI COMO LO ES LA DESAPARICION DESDE 1943 DE DOCENAS DE SUBMARINOS Y BARCOS ALEMANES DIRIGIENDOSE CON CIENTIFICOS Y JOVENES “MEJORADOS GENETICAMENTE” HACIA NUEVA SUAVIA EN LA ANTARTIDA Y LLEVANDOSE CONSIGO VARIOS CIENTOS DE MILLONES DE ORO EN LINGOTES SACADOS DE SUIZA.

LA PISTA DE ESTA CONQUISTA NAZI AL POLO ES SEGUIDA POR EL ALMIRANTE BYRD Y EN LA EXPEDICION HIGHJUMP EL GOBIERNO SECRETO DE USA TRATA DE HACERSE CON EL CONTROL DEL MUNDO A TRAVES DE INVADIR Y ENFRENTAR POTENCIAS QUE NO SON DE LA SUPERFICIE,LO MISMO QUE HICIERON EN ASIA MENOR EN 1969 LLEVANDO MILES DE SOLDADOS Y LLEGANDO A DETONAR UN ARMA ATOMICA BAJO TIERRA…

PERO ES EVIDENTE QUE NO TODO ABAJO DE LA TIERRA ESTA CON LAS POTENCIAS Y SU ELITE DEL LADO OSCURO.NAVES EXTRAÑAS SOBREVUELAN  CASAS DE GOBIERNO Y EDIFICIOS PUBLICOS Y BASES DE BOMBARDEROS DE LAS POTENCIAS Y HASTA SUS PROGRAMAS ESPACIALES DEJANDOSE DETECTAR EN RADARES,FOTOGRAFIAR Y HASTA FILMAR…

EXTRAÑOS APAGONES MASIVOS QUE SIN DUDA SON PARTE TAMBIEN DE ESTA DEMOSTRACION DE FUERZA Y PERSUACION Y HASTA EXTRAÑOS CAMBIOS CLIMATICOS…SISMOS Y HURACANES QUE NO SON NATURALES Y SON PARTE DEL MENSAJE DE OTRAS POTENCIAS,NO DE LA SUPERFICIE TERRESTRE,DE  QUE LOS GRANDES PLANES DE LOS PEQUEÑOS TIRANOS DE LA SUPERFICIE NO SON SIEMPRE FACTIBLES Y CONVENIENTES…

FINALMENTE HABLANDO DE LOS MAPAS ANTIGUOS,ALGUNOS ATARAN CABOS Y PREGUNTARAN COMO LOS HACIAN SIN AVIONES O SATELITES Y ADEMAS COMO REALIZABAN CONSTRUCCIONES Y SEÑALES Y FIGURAS COMO LAS DE NAZCA,YUGOSLAVIA E IRAK QUE SE VEN SOLO DESDE EL AIRE ? Y DE FORMA SIMILAR A COMO SE HACEN LOS CROPS O AGROGLIFOS…

EN OTRA NOTA CONTARE EL SECRETO DE COMO “LOS COLLAS” ANDINOS VOLABAN Y QUE UN PERIODISTA FRANCES DESCUBRIO Y DESPUES TODO SE TAPO EN LOS MEDIOS…POR HOY YA ES MAS QUE SUFICIENTE…

No hay comentarios:

Publicar un comentario